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REFLEXIÓN PARA TIEMPOS DE TRANSFORMACIÓN

2026-02-24 - 12:56

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Esteban Ross) En una ronda de amigos siempre aparecen las conversaciones sobre quién es valiente, quién es miedoso, quién se acobarda. Epítetos que nos llevan a pensar en fantasmas, póras y otros personajes de la imaginación popular: el pombero, la mala visión, e incluso aquel fantasmita simpático, “Caspercito”, que según algunos merodea en las casas. Del dicho al hecho hay un largo trecho, y nunca se sabe si son cuentos, historias o simples fábulas. Lo cierto es que el miedo nos acompaña a todos los seres humanos. Miedo a las cuentas que van a llegar, miedo a la suegra que es difícil, miedo a la esposa que cambia de humor con los vecinos, miedo cuando un criminal nos apunta y exige “la billetera o la vida”. Existen muchos tipos de miedo, y cada uno nos enfrenta a nuestra propia vulnerabilidad. Pero el miedo no se supera con más miedo, ni la oscuridad se disipa con más oscuridad. Es aquí donde surge la necesidad de reflexionar sobre la energía que emitimos y la manera en que influimos en los demás. El miedo es la frecuencia más baja que podemos sostener. Hoy más que nunca debemos ser conscientes de la energía que estamos despertando en quienes nos rodean. La nueva tierra no se construye desde la reacción, sino desde la conciencia. Requiere almas despiertas, que vibren en amor incondicional, en unidad, en empatía y en compasión. Esa es la frecuencia que vino a recordarnos el Maestro Jesús: que somos uno, que lo que hacemos a otro nos lo hacemos a nosotros mismos. Lo que hoy vivimos no es solo una crisis externa, sino también una oportunidad de autoanálisis profundo. Preguntémonos con honestidad: ¿estamos preparados para habitar la nueva tierra? ¿Estamos reaccionando desde el miedo o respondiendo desde la conciencia? Porque lo que damos, recibimos. La energía que sostenemos se multiplica. Es momento de regresar a casa, de integrar la nueva frecuencia y de elegir la vibración que queremos habitar. Cada proceso del alma es único y perfecto, cada experiencia trae aprendizaje. Pero la decisión siempre es nuestra. Ese es el libre albedrío: elegir desde la conciencia, sabiendo que cada decisión genera una consecuencia, de luz o de oscuridad. Hoy elegimos amor. Elegimos unidad. Elegimos elevar la frecuencia colectiva.

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