LA RULETA DE LOS CHOFERES
2026-01-25 - 21:08
CIUDAD DEL ESTE (Realidad Fatídica, por Esteban Ross) Subirse al volante como chofer de plataformas digitales en Paraguay ya sea Uber, Bolt o cualquier otro se ha convertido en un oficio cargado de incertidumbre. Lo que se vende como una oportunidad moderna de empleo, flexible y rentable, en realidad expone a los conductores a un escenario donde la delincuencia y la violencia están siempre al acecho. Cada viaje puede ser una experiencia normal o transformarse en un episodio de terror. Los casos se repiten una y otra vez: choferes que reciben solicitudes de madrugada y terminan emboscados en barrios peligrosos, pasajeros que se presentan con perfiles falsos y resultan ser asaltantes, conductores que son golpeados, despojados de sus pertenencias y hasta asesinados. En los últimos años, varios choferes de plataformas fueron víctimas fatales de atracos, dejando en evidencia que el riesgo es real y constante. La situación no es distinta para los motobolt, esos motociclistas que también forman parte del engranaje de las apps. Ellos enfrentan peligros aún más directos: asaltos en plena vía pública, intentos de robo de la moto y pasajeros que, en lugar de pagar el viaje, buscan intimidar o atacar al conductor. Hay relatos de motociclistas que fueron arrastrados por delincuentes para quedarse con el vehículo, y otros que tuvieron que huir para salvar su vida. La vulnerabilidad es mayor porque el contacto físico con el pasajero es inevitable y el escape, muchas veces, imposible. No todo se reduce al crimen organizado. También están los pasajeros impredecibles: personas bajo efectos de alcohol o drogas que se vuelven agresivas, clientes que insultan y amenazan, individuos que se niegan a pagar y hasta casos de violencia física dentro del vehículo. Los relatos de choferes describen escenas que parecen sacadas de una película de suspenso: gritos, ataques repentinos, intentos de robo y situaciones que ponen a prueba la resistencia emocional de cualquiera. La falta de respaldo agrava el panorama. Las plataformas se deslindan de responsabilidad, las comisiones son altas y los seguros inexistentes. El conductor queda solo, expuesto en cada esquina, sin más protección que su propio instinto. Lo que se promociona como “trabajo independiente” termina siendo una rutina de alto riesgo, donde la inseguridad y la precariedad se mezclan en cada jornada.