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EL ESTRÉS QUE MUERDE

2026-02-04 - 12:59

CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por Charly Friendz) En muchos casos, cuando uno acude al dentista y examinan los dientes, principalmente los frontales, el profesional suele advertir signos de desgaste y preguntar: “¿Usted padece de bruxismo?”. Este desgaste, tanto en las piezas superiores como en las inferiores, no siempre se debe únicamente a la fricción inconsciente de los dientes durante la noche. Muchas veces está relacionado con estados emocionales intensos: rabia, nerviosismo o tensión que llevan a apretar la mandíbula como una forma de expresar lo que el cuerpo siente en ese momento. Algunos especialistas incluso lo denominan un “tic emocional”. Lo cierto es que muchas personas aprietan los dientes sin darse cuenta, no solo mientras duermen, sino también durante el día. Este hábito no es un problema exclusivo de los dientes, sino una respuesta del sistema nervioso frente al estrés. Cuando el organismo percibe una amenaza o se encuentra bajo presión, entra en modo alerta: los músculos se contraen, la mandíbula se tensa y el cerebro permanece en estado de vigilancia constante. Esa tensión acumulada se traduce en dolor facial, cefaleas, rigidez en cuello y hombros, e incluso cansancio al despertar. La mandíbula es uno de los músculos más sensibles al impacto emocional. Relajarla no significa únicamente comodidad, sino enviar al cuerpo una señal de seguridad y calma. En muchos casos, el cuerpo habla antes que la mente, y la tensión se convierte en su idioma más claro. Comprender esta conexión entre lo emocional y lo físico permite abordar el bruxismo no solo desde la odontología, sino también desde la gestión del estrés, la respiración consciente y la búsqueda de hábitos que devuelvan equilibrio al organismo.

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