DOMINAR LA IRA PARA CUIDAR EL AMOR
2026-02-24 - 14:06
CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Esteban Ross) En toda relación de pareja existen momentos de tensión. Cuando vemos que nuestro esposo o esposa está molesto, lo más sabio es ser prudente y esperar a que el enojo se disipe antes de intentar resolver el conflicto. La ira es como un fuego: si se alimenta en el instante más intenso, puede quemar lo que más queremos. Hay golpes que dejan marcas en el cuerpo como tatuajes, y palabras que hieren el corazón como cicatrices invisibles. Muchas veces son fruto de un enojo impulsivo, sin control. Por eso la Biblia nos recuerda que es de sabios tener dominio propio: “Los necios dan rienda suelta a su enojo, pero los sabios calladamente lo controlan” (Proverbios 29:11, NTV). El enojo impide escuchar, entender y respetar. Ofende, hiere y lleva a cometer errores de los que luego nos arrepentimos, algunos difíciles de reparar. Por eso no debemos intentar arreglar las cosas cuando la ira está en su punto más alto. Es mejor esperar que las aguas se calmen, que la mente se serene y que el corazón recupere su equilibrio. Manejar el enojo en la pareja no significa reprimirlo, sino aprender a canalizarlo con conciencia. Significa elegir el momento adecuado para hablar, hacerlo con respeto y recordar que el amor se construye con paciencia, empatía y perdón. La calma es el puente que permite que las palabras lleguen sin herir y que los problemas se transformen en aprendizajes compartidos.