CRÍTICA AL DESEMPEÑO NEFASTO DE QUIENES INGRESAN AL HOGAR REALIDADES DEL TRABAJO DOMÉSTICO
2026-03-30 - 13:44
CIUDAD DEL ESTE (Realidad fatídica por Redacción) Después de tanto tiempo y pleito, las empleadas domésticas consiguieron dar un paso, pero hoy, de manera que parece vengativa, utilizan mecanismos para hacer las cosas como les parece, sin seguir las normas de cada hogar. Llegan diciendo “yo soy la mejor cocinera, la que mejor cuida la casa”, pero al poco tiempo se nota que no cumplen. Cuando uno pide un caldo de mandi’i, esa cocinera le agrega porciones de chancho. ¿Qué tipo de comida es esa? O de repente no saben calibrar la sal, no logran un desempeño normal y equitativo, no aprenden lo que les indica el patrón o la patrona, no ponen las cosas en su lugar: una media en el ropero, las ropas colgadas... normas básicas que dejan de lado. En esta imagen se ve a dos trabajadoras, Griselda Areco y Emilce Díaz, que pasan horas de trabajo utilizando su teléfono y, cuando llega la hora de hacer las tareas, se encuentran apuradas y hacen todo mal. ¿Cómo es posible que una persona que cuida de un adulto mayor no esté pendiente de los remedios y horarios? A estas dos señoras se les pagaba 3 millones de guaraníes y, aun así, no hicieron las cosas como corresponde. Después salen a decir que no da gusto trabajar porque el patrón es “demasiado argel” cuando simplemente se les exige cumplir. Por eso digo a los lectores: vean bien a quiénes meten en su casa, porque algunos resultan peor y más molestos que un yat’i en medio de las nalgas. También hay otras, como una tal Flora que vive en Mallorquín y su vecina Nahia, que aceptan el trabajo ofrecido y al día siguiente ya ponen excusas. A la madrugada llega un mensaje: “Buen día señor, disculpe, mi hermana va a venir el jueves de Asunción y vamos a tener que quedarnos a hacer la chipa; si le gusta me voy después de Semana Santa”. Días antes habían asegurado que trabajarían, pero muestran irresponsabilidad. Todo gira en torno al uso del celular, que las mantiene distraídas y alejadas de sus responsabilidades. No es que uno quiera ser exigente, es que en la casa se les paga bien, se les trata como de la familia, no se les da un trato de esclavas como antes, y aun así no valoran. Se van, pero no porque se les eche, sino por irresponsables, cobardes y mentirosas. Es una pena esta reflexión, que equivale a muchas situaciones similares.